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Aportaciones militares a la sociedad civil

Ingeniería militar y civil

Lo militar y lo civil unidos por el conocimiento científico y el afán de progreso

René Descartes

LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA
El siglo XVIII aportó trascendentales cambios que afectaron a la vida económica, social y política española: la revolución industrial y la política burguesa.
En este “siglo de las luces”, cuya datación se puede establecer en España entre el segundo decenio del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX, se producen en España importantes transformaciones de las que nos fijaremos, tan sólo, en aquellos aspectos que afectan al ámbito científico de la ideología dominante: la “Ilustración”, con dos grandes corrientes de pensamiento, la filosofía de Descartes, con la enorme valoración que da al pensamiento deductivo, especialmente el matemático como método de acceso a la verdad, y el método científico de Newton, según el cual el único método que permite llegar a esa verdad se obtiene trabajando sobre la observación de la realidad y reelaborando racionalmente los datos obtenidos por ella.

Jorge Próspero de Verboom
Félix Gazola

INGENIEROS Y ARTILLEROS EN EL SIGLO XVIII
Al inicio del siglo XVIII, con el advenimiento de los Borbones, se acomete por parte de Felipe V, y en plena guerra de Sucesión, la reforma de los Ejércitos y muy especialmente la de los “cuerpos facultativos” (ingenieros y artillería). Así, Felipe V llama de Flandes al ingeniero Jorge Próspero de Verboom, a quien encomienda la organización del Real Cuerpo de Ingenieros, creándolo el 17 de abril de 1711. Verboom establece, en 1720, la Real Academia de Matemáticas de Barcelona, imponiendo en la misma los textos y métodos que Fernández de Medrano había empleado en la Academia de Bruselas, donde él se había formado.
Pero regresemos al año 1718, en el que Felipe V dicta una Real Ordenanza que asigna a los ingenieros militares funciones que no sólo rebasan las estrictamente militares, sino que dan prioridad a las de construcción de obras públicas dirigidas al “beneficio universal de los pueblos”. Posteriormente, y ya en 1779, el Real Cuerpo de Ingenieros se reestructura en tres Secciones:
– La de “Academias Militares”, dirigida por D. Pedro de Lucuce, ilustre Jefe de la Real Academia de Matemáticas de Barcelona.
– La de “Fortificaciones del Reino”, dirigida por el General D. Silvestre Abarca, autor del proyecto de navegación y riego de Castilla la Vieja.
– La de “Caminos, puentes, edificios de arquitectura civil y canales de riego y navegación”, dirigida por el insigne ingeniero D. Francisco Sabatini y Siuliano.
Los ingenieros militares fueron los proyectistas y directores de numerosas obras civiles de aquella época, costeadas con fondos del Estado. La lista es interminable: la Puerta de Alcalá, el Palacio de Aranjuez, la Fábrica de Armas de Toledo, la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, múltiples canales de navegación (Manzanares, Castilla, Guadalquivir, etc.), trazados urbanísticos, hospitales, escuelas, palacios, etc, etc … además de llevar a cabo una importantísima labor cartográfica.
En 1770 se crea el Cuerpo de Ingenieros de Marina, que hoy conocemos como Ingenieros Navales, que va sustrayendo, paulatinamente, al Cuerpo de Ingenieros del Ejército los asuntos relacionados con la construcción naval y las obras de los arsenales y actuaban, también, como “ingenieros de montes” (gestionando las grandes explotaciones forestales con el objeto de conseguir madera para la construcción naval).
Simultáneamente a estas vicisitudes del Real Cuerpo de Ingenieros y del Cuerpo de Ingenieros de Marina, se funda en Segovia, en 1764, el Real Colegio de Artillería, cuerpo creado dos años antes por Carlos III y cuyo primer director fue D. Félix Gazzola, Conde de Gazzola- Este Real Colegio (con su lema “la ciencia vence”) se convirtió en un segundo pilar en la implantación de la Ilustración en España, dadas las características de su enseñanza, el prestigio y valía del profesorado y la modernidad de sus planteamientos didácticos. La fabricación y el mantenimiento de la artillería se adscribió a los oficiales de del Arma, debido a sus “estudios sublimes”, dirigiendo establecimientos tales como Maestranzas (Madrid, Barcelona, Segovia, …), fundiciones de bronces, fábricas de pólvora, salitrerías, fábricas de armas blancas, ferrerías, minas de carbón, azufre y cobre, fundiciones de hierro, …
El desarrollo tecnológico que trajo la Ilustración, y que fue asumido por ambos “cuerpos facultativos” (ingenieros y artillería) durante el siglo XVIII propició el nacimiento, a partir del siglo siguiente, de nuevas ramas de la ingeniería, que darían lugar a las ingenierías de aplicación civil.


General Carlos Ibáñez e Ibáñez Ibero

INGENIEROS CIVILES EN EL SIGLO XIX
La aparición de la “ingeniería no militar” va ligada a la de sus centros de formación. Hagamos un breve recorrido por sus diferentes ramas:
– Academia de Enseñanza de Minas de Almadén, primer centro de estudios superiores técnicos de España, origen de la Escuela de Ingenieros de Minas, creada el 14 de julio de 1777 por Carlos III, y trasladada a Madrid en 1835.
– Inspección de Caminos y Canales, que posteriormente sería la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, creada en 1802, cuyo cuerpo estaba ya constituido en 1799, y en la que participaron varios ingenieros militares, destacando Agustín de Betancourt y Molina, que en 1801 fue nombrado Inspector General del Cuerpo de Ingenieros de Caminos y Canales, fundando al año siguiente la Escuela citada en el Palacio del Buen Retiro.
– La Escuela Central de Ingenieros Industriales aparece en 1845, sufriendo una serie de vicisitudes en la organización de sus estudios, a través del Real Instituto Industrial creado en la misma fecha. En la defensa de esta escuela, de sus atribuciones y de su plan de estudios desempeñó un decisivo papel el entonces Ministro de Fomento, General de Artillería D. Francisco de Luxán y Miguel.
– La Escuela (Especial) de Ingenieros de Montes empezó a funcionar en 1847, en Villaviciosa de Odón y tuvo como primer director al Coronel de Caballería y jurista D. Bernardo de la Torre Rojas. El cuerpo estaba ya separado del de Ingenieros de Marina, al crearse la Dirección de Montes, en 1833, y la Inspección de Bosques, en 1835.
Además de los cuerpos ya citados, tan sólo mencionar la creación, en 1900, del cuerpo de Ingenieros Geógrafos, íntimamente relacionado con el Ejército, y basado en antiguos oficiales geodestas. Importante debe ser la mención al General de Ingenieros D. Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero, introductor en España de la geodesia moderna y creador y primer director del Instituto Geográfico y Estadístico, en 1870.
Valga lo hasta aquí expuesto tan sólo como una muestra de la simbiosis y la colaboración entre lo militar y lo civil, unidos todos por el conocimiento científico y el afán de progreso.


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