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Aportaciones militares a la sociedad civil

Aportación de la ingeniería militar española a la salubridad de La Habana

Esta importante obra logró satisfacer con creces las necesidades de la población

Aserradero del Arsenal de La Habana. Por el cuadrado de la derecha (1 m2) entraba el agua de la Zanja Real. La noria movía las sierras verticales. Cortesía MNM.

La Zanja Real, conducto hacia el Arsenal. Fotografía de José M. Blanco Núñez

Monumento en La Habana en honor del coronel Albear
Reconocido como uno de los más bellos de la capital cubana. Realizado por el escultor cubano José de Villalta y Saavedra, esculpido en mármol de Carrara.

ACUEDUCTOS DE LA HABANA VIEJA
La primera traída de aguas de la Isla de Cuba data de 1544, se hizo para llevar aguas de La Chorrera -hoy río Almendares- hasta La Habana; a finales de 1566 comenzó la ejecución de la Zanja Real, considerada el primer acueducto de la Isla y primero de los construidos por España en América. Estuvo en servicio desde 1592 a 1835, hasta que se construyó el Acueducto Fernando VII. Tras la construcción del gran Arsenal naval de La Habana (1747), se desvió uno de sus conducciones para llevar el agua que movía la rueda vitruviana (noria) del aserradero del Arsenal de La Habana, que constituyó un gran avance tecnológico para la época, pues podía aserrar cuatro troncos al tiempo, y cuya maqueta conserva el Museo Naval de Madrid.
Su construcción fue dirigida por el famoso ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, que construyó también el Castillo del Morro de La Habana y otros muchos de América. El capitán general Juan de Tejada ordenó instalar una conducción por derrame libre que tenía tres ramales, uno para la aguada del puerto, otro a castillos y baluartes, y el tercero para el ganado que pastaba en las afueras de la ciudad.
La Zanja tenía un recorrido de 13 km, la superficie de su sección era de alrededor de un metro cuadrado (ver modelo del aserradero). En el XVIII, aparte de los tramos descubiertos de la Zanja que abastecían las fuentes públicas, contaba con cañerías de fábrica que conducían el agua a presión, mediante surtidores, mejorando su salubridad, aunque en extramuros los canales iban descubiertos.
A principios del XIX, la Zanja no podía abastecer la creciente población habanera y, por R/D, fueron aprobadas las obras del Acueducto de Fernando VII, construido por los ingenieros militares Manuel Pastor y Nicolás Campos Tamayo (Ttes. Coroneles del Ejército y capitanes del Real Cuerpo de Ingenieros) entre 1831/1835. Partía también del Almendares, y entraba por la puerta de tierra de Monserrate para surtir la población intramuros (La Habana vieja, hoy en día), más no consiguió resolver el abastecimiento deseado.

Pero la aportación más importante de la ingeniería militar española al bienestar y salubridad de la ciudad de La Habana, llegó con el hoy conocido como Acueducto de Albear, comenzado en 1858 y concluido en 1893. Esta obra de ingeniería, mundialmente conocida, sirve el agua por gravedad a gran parte de La Habana desde hace más de un siglo y se le encomendó al coronel del Cuerpo de Ingenieros del Ejército D. Francisco de Albear y Lara, cuyo proyecto fue aprobado en 1858. Se hizo para conducir las aguas de los manantiales de Vento hasta la ciudad. En 1861 darían inicio las obras bajo su dirección, que se desarrollaron con extrema lentitud debido a las guerras sufridas y finalizó en 1893, poco antes de comenzar la última y definitiva guerra de la Independencia cubana.


El coronel Albear había nacido el 11.I.1816, en en el castillo del Morro de La Habana, hijo del comandante de dicha fortaleza militar, coronel de ingenieros Francisco José de Albear y Hernández, y falleció en la misma ciudad el 23.X.1887, cuando ostentaba el empleo de brigadier de Ingenieros. Tuvo brillante carrera desde que ingresó como cadete de menor edad del Regimiento de Dragones, en 1826, hasta que pasó a la Academia de Ingenieros donde salió teniente el 26-12-1839, con el número uno de su promoción. Destacó en la Primera Carlista, en la cual obtuvo su primera condecoración: la Cruz de San Fernando de 1ª Clase. La finalizó como comandante interino de la recién tomada plaza de Berga.
Profesor en la Academia de Guadalajara, desde 1841 a 1843, brilló, al mando de una compañía de alumnos, defendiendo el fuerte de San Francisco de dicha ciudad, fuerte que él mismo había mejorado en su fortificación, siendo ascendido por ello a comandante del Ejército
El ingeniero general D. Antonio Remón y Zarco del Valle lo envió de comisión de servicio a Francia, Bélgica, Prusia e Inglaterra, publicando, a su regreso, importantes memorias, como: El estado militar de Bélgica, Las plazas fuertes de la Alemania Occidental, Ferrocarriles de Bélgica y Puentes en Inglaterra y Francia; por ellas obtuvo en mayo de 1846 el empleo de Teniente Coronel de Infantería. Enseguida salió destinado para La Habana.
En 1850 estuvo agregado al E.M. General de la columna organizada para la persecución de los piratas que asolaban la isla de Cuba, siendo recompensado con el empleo de Coronel de Infantería. Entre 1859 a 1853, realizará un plano topográfico de la capital cubana, elaborará proyectos de obras de carreteras, ampliación de infraestructuras portuarias y diversos puentes de la isla. Además, realizará todo tipo de obras militares, civiles y religiosas.
En 1848 fue nombrado director de Obras Públicas y de Telégrafos de Cuba y proyectó el ferrocarril de la Macagua a Villa-Clara, la ampliación de los muelles del puerto de Cienfuegos y el canal del Vento o de Isabel II, al que hoy se conoce con su nombre, obra modélica que solucionó el abastecimiento de aguas de La Habana. Esta nueva traída de aguas, que lo convirtió en referente profesional de su sector, obtuvo Medalla de Oro en la Exposición Universal de París de 1878, donde fue considerada como obra maestra de la ingeniería universal del siglo XIX. Durante su construcción le sorprendió la muerte.
Fue miembro de varias academias españolas y extranjeras. La Habana perpetua su memoria con este monumento.


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