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Después de la acción

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Después de la acción

Tomo II

Artículo 77

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Descripción

Los últimos destellos del Sol poniente extienden sus rojizos matices sobre las níveas tiendas del campamento densos nubarrones se atropellan en serena y veloz carrera dejando ver entre sus caprichosos desgarrones el limpio azul del cielo. Ya no truena el cañón con su estridente estampido, ya no se oyen las enérgicas voces dé mando, ni las desgarradoras quejas de dolor, confundidas con el siniestro silbido de las balas enemigas todo es calma donde antes fue febril agitación… La acción ha terminado, la noche con sus misteriosas sombras, va insensiblemente haciéndose dueña del accidentado y extenso campo, por cuya posesión luchaban momentos antes, el noble Ibero y el fanático é inculto Mogrebino. La jornada ha sido ruda, pero otra vez la victoria se ha posado entre los pliegues de la bandera roja y gualda, de la misma que vencedora ondeó el pasado siglo sobre las almenas de Tetuán, de la que en un tiempo impuso su voluntad á los más poderosos pueblos. En el campamento impera la alegría y el entusiasmo sobre las fatigas producidas por las penalidades de la encarnizada lucha, pero todos los corazones palpitan de orgullo por haber contribuido á la brillante hazaña. Alejado de este conjunto, cuyo ambiente es la satisfacción, el gozo y el contento, los brazos cruzados y la cabeza inclinada sobre el pecho, un soldado parece abstraído contemplando la salvaje y natural hermosura del fragoso terreno que se extiende á su vista, pero dos grandes lágrimas que brotan de sus negros ojos resbalando lentamente por sus mejillas, indican que su pensamiento está muy lejos, quizá al otro lado del mar, en un pueblecito de paredes muy blancas, quizá una anciana que sentada á la puerta de una casa hace calceta, entremezclando con su labor algún piadoso rezo para que el venerado y milagroso patrón de la aldea vele por su querido hijo.

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