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Aportaciones militares a la sociedad civil

El submarino Peral

Salvando los restos del “naufragio”

Francisco Giráldez: “Botadura del Submarino Peral en el Puerto de Cádiz, 1888”. Óleo sobre lienzo. Museo Naval (MNM 9510)

ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL
Podía haber sido una de las más grandes aportaciones de la Armada española moderna al progreso de la construcción naval. Hoy, sin embargo, es solo un gran yacimiento arqueológico de carácter industrial y, como tal, está siendo objeto del interés no solo de los investigadores de la historia y la técnica naval, sino también de restauradores, de ingenieros, de físicos… Nos referimos al Buque torpedero submarino inventado, diseñado y tripulado por el Teniente de Navío Isaac Peral Caballero (Cartagena, 1851-Berlín, 1895). No se trataba del primer submarino de la Historia, le precedieron en el tiempo otros ingenios de sugerentes nombres, como Turtle (1775), Nautilus (1800), Pioneer (1859) o Ictíneo (1862), éste último creación de un ingeniero también español, Narciso Monturiol. Sin embargo, sí fue un auténtico hito en la Historia naval, ya que se trató del primer sumergible eléctrico de uso bélico.

EL TENIENTE DE NAVÍO ISAAC PERAL
Isaac Peral, marino y profesor de Física en la Academia de Ampliación de Estudios de la Armada, concibió su torpedero submarino en 1884, decidiéndose a presentarlo como un proyecto viable a raíz de la llamada “crisis de las Carolinas” de 1885. Apoyado por el Ministro de Marina Pezuela, consiguió la financiación y permisos necesarios para que el prototipo superara todas las pruebas de navegación, inmersión y disparo a las que fue sometido entre 1888 y 1890.

La popularidad alcanzada por el invento fue enorme y se hizo patente en el imaginario colectivo finisecular: se compusieron pasacalles y valses y se dedicaron calles a su creador por toda España. Sin embargo y pese a la demostración de la viabilidad y utilidad del proyecto para un país que necesitaba conservar el dominio de las aguas en su aún extenso Imperio marítimo, por razones nunca bien explicadas y en las que pudo haber influido en parte la soberbia del autor, el nuevo Ministro de Marina, José María Berenguer, retiró todo apoyo institucional a Peral, que fue obligado a desarmarlo y entregarlo en el Arsenal de La Carraca de Cádiz. Desencantado, se licenció de la Armada en 1891, muriendo enfermo al poco tiempo en Berlín. Tenía 44 años y, a juzgar por sus escritos, muchos más inventos que ofrecer a la posteridad.

Isaac Peral Caballero
El submarino en una fuente de Cartagena
Traslado del submarino

BUSCANDO UN FINAL FELIZ
Indudablemente, el Submarino Peral fue fruto de la genialidad de su autor, pero también fue el resultado del alto nivel de conocimientos alcanzado por los marinos españoles desde los años de la primera circunnavegación del Globo, conocimientos que se siguieron cultivando después en Instituciones militares como la Real Academia de Matemáticas de Barcelona o el Real Observatorio de la Armada de San Fernando. Por desgracia para el inventor y para la ciencia española, no tuvo la fortuna de coincidir con una coyuntura socio-política adecuada.

Desde 2012 se está tratando de escribir un final más feliz para esta triste historia. Gracias al esfuerzo de una serie de organismos públicos y privados, el submarino ha sido trasladado desde su insólita ubicación en una fuente pública al renovado Museo Naval de Cartagena. Su investigación se plantea allí como la de cualquier otro yacimiento arqueológico industrial: se documentará científicamente para redescubrir su concepción original y se realizará un trabajo concienzudo de conservación para garantizar su preservación futura. El objetivo es que el Submarino Peral desvele los secretos sobre las técnicas de navegación y construcción naval que lo hicieron posible. Poco es para lo que pudo haber sido, pero al menos es el digno homenaje que el pasado le negó.

Como todo avance científico, el Submarino Peral fue la suma del bagaje acumulado durante siglos por nuestras Fuerzas Armadas y de la brillantez de un genio que, como muchos otros, “cabalgó a hombros de gigantes”.

Mónica Ruiz Bremón
Academia de las Ciencias y las Artes Militares


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